Confesiones (II)
He decidido hacer de este blog un diario personal en el que contar mis miserias personales y desahogarme con todo tipo de desvergonzadas confesiones para traumatizar al grueso de lectores de este blog. Es decir, a todos aquellos que casualmente llegan aquí en busca de ayuda y orientación en cuestiones sociales, bacanales y orgías, exhibicionismo ,consejos en temas amorosos y de todo tipo de utopías en general.
Ya lo hice una vez, cuando confesé no haber visto Pulp Fiction (hasta aquel día) en el primer post de confesiones y hoy ha llegado la hora de continuar humillándome públicamente. Sin más rodeos, mi confesión es:
Hoy he estado en un concierto de Dover.
Pero la cosa no termina aquí, aún hay más:
No comencé a sentir ningún tipo de vergüenza ajena hasta el momento en el que la orco-cantante se subió en una plataforma que se elevaba aproximadamente metro y medio sobre el escenario para cantar Let me Out, lo cual ocurrió justo al final del concierto.
Eso sí, como no todo va a ser humillarse, hay que reconocer que no pagué ni un céntimo por el espectáculo, y que encima uno podía estar tranquilamente a unos cinco metros del escenario, en la calle, litrona en mano y sin que nadie te dijera nada escuchando todas esas canciones que durante tantos años han estado hasta en la sopa. Y es que las fiestas de Aluche no parece que estén del todo mal.
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